Treinta y Tres, llora hoy la partida de uno de sus hijos más ilustres, José María Obaldía, quien a lo largo de sus 99 años supo honrar con letras, sabiduría y ternura la tierra que lo vio nacer.
Poeta de la infancia, narrador de los pagos y académico de las letras, su legado se extiende como el cauce del Olimar: profundo, fértil y eterno.
Desde sus primeros pasos como maestro rural hasta su presidencia en la Academia Nacional de Letras, Obaldía fue un sembrador de cultura.
Su obra, marcada por la oralidad y el amor por lo autóctono, dio voz a los silencios del campo y a las memorias de los pueblos. Con títulos como El habla del pago y Veinte mentiras de verdad, capturó el alma de Treinta y Tres y la convirtió en patrimonio nacional.
Versos que cantan Sus poemas no solo se leyeron: se cantaron. Grupos como Los Olimareños, Los del Yerbal y Teresita Minetti llevaron sus letras al corazón del pueblo. En cada estrofa, resonaba el eco de su tierra, el murmullo del río, la picardía del boliche y la ternura del aula.
Obaldía no solo escribió: pensó el idioma, lo defendió y lo celebró. Ocupó el sillón José Enrique Rodó en la Academia Nacional de Letras desde 1994 y la presidió entre 1999 y 2003. Fue también miembro honorario e integrante de prestigiosas academias internacionales, llevando el nombre de Uruguay a los foros más altos de la lengua.
Hoy, Treinta y Tres despide a su hijo dilecto, pero no lo olvida. En cada escuela donde se recita un poema suyo, en cada canción que revive su voz, en cada niño que descubre el poder de las palabras, José María Obaldía sigue vivo. Su obra es semilla, es raíz, es flor.
Gracias, José María Obaldía. Que el Olimar te lleve en su corriente mansa, como lleva los sueños de quienes saben contar sabrosamente, como tú supiste hacerlo.


