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Dionisio Diaz

"Niño héroe"

La noche del 9 de mayo de 1929 a Dionisio Díaz lo despertó un ruido. Caminó a oscuras hacia la pieza de su madre y tropezó con su cuerpo en el suelo. Bajo el parral del patio oyó a dos personas luchando. Desde las sombras su tío Eduardo le pidió que le trajera un cuchillo y, cuando se lo alcanzaba, el niño sintió un dolor en el abdomen: alguien lo había apuñalado.

Entonces vendó su herida con una sábana, levantó de la cuna a su hermanita de 11 meses y esperó escondido el amanecer para caminar hacia el poblado del Oro (hoy poblado Mendizábal).

Recorrió 7 kms. llevando a su hermana en brazos. El 11 de mayo entró en coma y murió sin atención médica mientras era trasladado desde la comisaría al hospital de Treinta y Tres en un auto que pasaba por la carretera.

Nació el 8/5/1920 en un rancho cerca del arroyo del Oro, en la 2ª sección del departamento de Treinta y Tres. Hijo de María Luisa Díaz y nieto de Juan Díaz, a quien se atribuye un ataque de locura que derivó en la tragedia del 9 de mayo de 1929.

Dionisio Murió a los dos días de haber cumplido nueve años. Su tío Eduardo: Se llamaba Eduardo Fasciolo y era nieto de la fallecida esposa de Juan Díaz. Fue quien construyó desde la cuna hasta los juguetes de Dionisio, uno de los cuales, un caballito de madera, se conserva en el Museo Agustín Araújo de la ciudad de Treinta y Tres.

En la Comisaría: La Policía preguntó a Dionisio si había reconocido a su agresor; respondió que la oscuridad no le había permitido distinguirlo, pero pensaba que podía haber sido su abuelo.

En el Hospital: En la tarde del 10 de mayo un médico curó las heridas de Dionisio pero ordenó su traslado al hospital de Treinta y Tres, lo que no se hizo hasta el día 11, cuando el niño ya había entrado en coma.

El crimen de la estancia La Ternera

Treinta y tres viajes a Treinta y Tres hizo a principio de los años 30 el abogado montevideano Raúl Jude, para defender a su cliente José Saravia, propietario de la estancia La Ternera, en prisión acusado de haber instigado en 1929 el asesinato de su esposa Jacinta Correa. El doctor Jude, un letrado de mucha notoriedad y luego ministro del gobierno de Gabriel Terra, consiguió la absolución del hermano de Aparicio, aunque de filiación colorada como Basilisio, un hombre que había amasado una inmensa fortuna al igual que el resto de su familia. El "crimen de La Ternera", como se llamó popularmente al caso, tuvo un pronunciamiento tan controvertido que determinó que en el Uruguay se suprimieran los juicios orales y por jurado, debido a la presunta existencia de presiones y sobornos.

Estancia La Ternera: Tanto durante la revolución que lideró en 1897 como durante la de 1904, Aparicio Saravia mandó a su esposa y a sus hijos menores al establecimiento de José Saravia para que no corrieran peligro, ya que el lugar estaba a salvo de cualquier ataque de las tropas del gobierno.

En prisión: El 28 de octubre de 1929 el comisario Nicolás Acosta apresó a José Saravia. Entonces se le comparó con Wiatt Earp, legendario sheriff del lejano Oeste estadounidense (Far West).

El asesinato: Los hermanos Detalicio y Ortalicio Silveira, peones de la estancia La Ternera, y la doméstica Martina Silva, confesaron que fueron instigados por José Saravia a cometer el crimen del 28 de abril de 1929.

Absolución de José Saravia: Saravia no había tenido hijos con su esposa Jacinta Correa.

Al poco tiempo de quedar viudo y absuelto por la justicia, se casó con Rosa Sarli, con quien tampoco tuvo descendencia.


El último de los 33 Orientales:

"Rubio o Negro... vivo o muerto, tengo que agarrarlo", fueron las palabras de Fructuoso Rivera refiriéndose a Juan Rosas, el famoso baquiano de la Cruzada Libertadora de 1825. Rosas guiaba a los gauchos de Dionisio Coronel, que le pisaban los talones a Rivera. Hijo de José Pedro Rosas, baquiano de José Artigas en su época de blandengue, el "Rubio Negro" quedó huérfano muy chiquito pero con el oficio de herencia. En 1827 fue sargento de milicias, en 1829 soldado del 9° Regimiento.

En el Sitio Grande (1843-51) estaba con los colorados en los muros de Montevideo, hasta que el 30 de noviembre de 1844 se pasó con "vericú y sable al ejército del general Oribe". Ya anciano ahuyentó a balazos una comisión de ayuda a los sobrevivientes de la independencia que le traía dinero.

Juan Rosas: El "Rubio Negro" nació a fines del siglo XVIII y falleció en el Paso del Dragón del Tacuarí, Cerro Largo, el 30/3/1902. Vivió más de cien años, entre tres siglos. Ultimo sobreviviente de los 33 Orientales de la Cruzada Libertadora de 1825, sus cenizas están en la plaza 19 de Abril de Treinta y Tres. El nombre de Juan Rosas aparece en la lista de los integrantes de la Cruzada Libertadora de 1825, confeccionada por Pablo Zufriategui, jefe del Estado Mayor. También llamado "Guacho Rubio Negro", Juan Rosas fue el padre de Plácido Rosas, caudillo de Cerro Largo. En el cuadro de Juan Manuel Blanes sobre el Desembarco de los 33 Orientales, aparece al fondo, al lado de Juan Acosta, con bota de potro, una cruz y un rosario.

 

La Vaca Azul y la barra del boliche

Más que un boliche, más que un equipo de fútbol, La Vaca Azul fue un reducto que llenó las horas de la juventud de una serie de personajes de Treinta y Tres.

Ubicado en Manuel Meléndez y Celedonio Rojas, allí un grupo de amigos conformó esa "mezcla milagrosa" de filósofos y poetas, surrealistas al modo olimareño. En cierta ocasión la barra de muchachos fue desafiada a jugar un picadito de fútbol por un equipo de Isla Patrulla llamado El Toro Rojo. No se les ocurrió mayor réplica que llamar a su equipo La Vaca Azul, pero hubo oposición.
Algunos querían ponerle Esquina Redonda, porque redonda era la esquina del boliche.
La solución fue sencilla y democrática: votaron y aunque la libertad de sufragio tuvo sus bemoles, ganó La Vaca Azul.

Un grupo de amigos: Rubén Lena, Aligio Pintos, Julio Macedo... Algunos querían ponerle La Esquina Redonda y Macedo insistía con La Vaca Azul. La campaña proselitista llevó a que Pintos "arrimara" votantes a los que Macedo convenció con artimaña. Sus reuniones se hacían en la trastienda de La Vaca Azul, que tuvo en Fernando Mila su alma mater y su razón de ser como equipo. En él jugó en una oportunidad ("por lo menos 20 minutos") Luis Alberto Lacalle, diputado y posteriormente Presidente de la República en el período 1990-1995. El "comicio" tuvo por urna una lata de galletitas María, según cuenta José María Obaldía, y el electorado estaba compuesto por las "doñas" del barrio y los muchachos de la trastienda, promotores del evento democrático.

 

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